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Actualidad Semanal +D. Semana 32/2026

Actualidad Semanal +D. Semana 32/20269 aug33 min

En 1978, uno de los rascacielos más avanzados de Nueva York estaba lleno de gente cuando su ingeniero descubrió algo que nadie quería descubrir: bajo determinadas condiciones, el edificio podía tener un problema estructural serio.

El Citicorp Center acababa de inaugurarse en Manhattan. Era elegante, audaz y técnicamente admirado. Debido a una iglesia situada en una esquina del solar, la torre no podía apoyarse como un edificio convencional, así que William LeMessurier diseñó una solución extraordinariamente ingeniosa.

Todo parecía funcionar.

Hasta que una pregunta menor obligó a revisar los cálculos.

¿Qué ocurriría si el viento no golpeaba una fachada de frente, sino dos caras del edificio al mismo tiempo?

La respuesta fue bastante peor de lo esperado. Algunas cargas eran mucho mayores de lo previsto y ciertas uniones habían sido construidas con pernos en lugar de las soldaduras contempladas inicialmente.

El edificio estaba terminado. Estaba ocupado. Y se acercaba la temporada de huracanes.

Durante semanas, equipos de soldadores entraron de noche para reforzar la estructura mientras miles de personas regresaban cada mañana a trabajar sin saber que, unas horas antes, alguien había estado intentando asegurarse de que su oficina siguiera en pie.

Lo extraordinario no es que un gran ingeniero cometiera un error. Eso ocurre.

Lo extraordinario es lo que vino después.

LeMessurier tenía todos los incentivos para racionalizar el problema, minimizarlo o convencerse de que la probabilidad era suficientemente pequeña. Su reputación estaba dentro de aquel edificio casi tanto como el acero.

Pero hizo algo mucho más difícil: permitió que nueva información cambiara una convicción antigua.