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216. Crecimos vendiendo droga sin saber: terminamos con un MUERTO en el penal | Baruch y Caleb

216. Crecimos vendiendo droga sin saber: terminamos con un MUERTO en el penal | Baruch y Caleb3 sep1 u 25 min

Saskia Niño de Rivera habló con Caleb, quien lleva años en un penal de máxima seguridad, y con Baruch, que cumple una condena de 10 años por extorsión y robo. Son dos hermanos que terminaron en la misma cárcel, que duermen en la misma estancia y que crecieron viendo las mismas cosas. No porque quisieran, sino porque eso fue lo que se normalizó en su casa desde que eran niños.

00:00:00 - 00:05:09 | Caleb y Barush

00:05:10 - 00:23:52 | La infancia y el delito familiar

00:23:53 - 00:48:01 | Un hermano se va

00:48:02 - 01:07:16 | La Biblia y la cárcel juntos

01:07:17 - 01:21:44 | La MUERTE y la máxima seguridad

Su padre era taxista y a veces la pobreza los alcanzaba al grado de andar descalzos. Pero un día llegó la propuesta de un tío, el dinero comenzó a fluir y pronto la familia entera entró a la venta de substacias prohibidas. Los mandaban a repartir paquetes desde pequeños sin decirles qué contenían. Fue su propia madre quien un día los sentó a la mesa y les explicó lo que cargaban. Les pidió que anduvieran al pendiente. Y desde ese momento, ya nadie pudo pretender que no sabía.

Uno de sus hermanos, Jonathan, murió en el reclusorio. Las autoridades lo registraron como suicidio. Él dejó un mensaje en un pizarrón del salón de clases donde lo encontraron: pedía perdón, decía que los quería, que prefería morir a seguir haciéndoles daño. Pero Caleb llegó a ese lugar y encontró varias cuerdas rotas. Y la duda de si realmente fue suicidio o si lo mataron por sus deudas de droga lo acompañó todos los años que siguieron.

Dentro del penal, en su peor momento y sin nada después de haber vendido hasta su ropa para comprar droga, Caleb le pidió un arma a alguien. Lo que recibió fue una Biblia. Ese momento lo cambió. Dejó las drogas, tomó cursos de la palabra y le habló de Dios a su familia desde adentro. Pero la violencia tenía una última cuenta pendiente. En una pelea por el cobro de una deuda, Caleb usó unas tijeras. El hombre murió. Lo trasladaron a máxima seguridad. Baruch, que apenas llegaba a la cárcel, lo siguió.

Esta es la historia de lo que pasa cuando una familia normaliza algo que destruye, y de cómo dos hermanos lo siguen cargando juntos.

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