
← La ContraCrónica7 oct. · 56 min
La peste de Siberia
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Se llamaba Daria Shipilova y murió de madrugada el pasado día 2 en un hospital cercano a Irkutsk, la gran ciudad de la Siberia oriental. Tenía 28 años y trabajaba como técnico de laboratorio en el Instituto Antipeste de Siberia y el Extremo Oriente, un centro fundado en tiempos de Stalin para vigilar una enfermedad que nunca ha desaparecido de aquella parte del mundo. La versión oficial habla de una neumonía de origen desconocido. Eso es casi lo único que ha contado el Gobierno ruso desde entonces.
Las medidas adoptadas dicen bastante más que los comunicados. Se declaró la cuarentena en el hospital y otros centros sanitarios de la zona se cerraron a las visitas. Unas doscientas personas fueron aisladas o puestas bajo observación. Decenas de empleados del instituto pasaron días encerrados en el edificio a la espera de los análisis. Nadie monta algo así por una neumonía corriente. Un medio independiente siberiano publicó que Shipilova había roto días antes un tubo con cultivos de la bacteria de la peste. Las autoridades lo niegan, aunque el gobernador de la región vecina llegó a hablar de eso mismo. Un antiguo responsable sanitario lo descartó con un desmentido que dejaba la puerta abierta a las sospechas.
La peste sigue siendo endémica en zonas de Rusia, China, África e incluso Estados Unidos. Suele contagiarse a través de las pulgas de roedores infectados y se presenta en tres formas. La neumónica es la más peligrosa porque es la única que pasa de persona a persona. Se cura con antibióticos comunes, pero solo si el tratamiento empieza muy pronto. Preocupan además la aparición de cepas resistentes.
¿Puede extenderse? Los especialistas creen que es muy improbable. La peste neumónica exige un contacto muy cercano, mata deprisa y a los contactos se les suelen administrar antibióticos preventivos. Si hubiera habido contagios, a estas alturas ya se habrían visto nuevos casos. Irkutsk está además muy aislada, y la Organización Mundial de la Salud considera muy bajo el riesgo fuera de Rusia. El problema es que todo se apoya en información incompleta. Ni siquiera sabemos con certeza de qué murió.
Lo que inquieta aquí es el historial ruso en la materia. La Unión Soviética firmó en los años 70 la convención contra las armas biológicas mientras mantenía en secreto un enorme programa que trabajaba con la bacteria de la peste buscando cepas resistentes a los antibióticos. A finales de esa década un brote de carbunco en Sve