
← Par-Impar14 août · 1 h 15 min
'The Descent' (2005), el descenso a los infiernos que fue el terror de los 2000
Juanma y Dani conversan sobre la película The Descent, un perfecto ejemplo de horror fuertecito de la década de los 2000.
En esta entrega de nuestro espacio de cine en esRadio, Juanma González y Dani Palacios se adentran en las profundidades de la tierra para analizar una de las películas más emblemáticas del género de terror de la década de los 2000: The Descent, dirigida por el británico Neil Marshall. Estrenada en 2005, esta obra llegó en un momento en que el público seguía muy de cerca los pasos de su director tras el éxito de su anterior largometraje, Dog Soldiers. Los presentadores coinciden en que la película supuso un hito en el cine de horror de la época, destacando por su atmósfera asfixiante y un crudo retrato de la supervivencia humana llevado al límite.
La trama sigue a un grupo de seis amigas que deciden emprender una expedición de espeleología en una remota cadena montañosa. Sin embargo, lo que comienza como una actividad de aventura pronto se transforma en una auténtica pesadilla claustrofóbica. Dani y Juanma subrayan que, más allá de la amenaza física de las extrañas criaturas ciegas que habitan en la oscuridad, el verdadero motor de la tensión dramática es el tenso triángulo amoroso latente entre la protagonista, Sarah, su amiga Juno y el difunto esposo de la primera. Este conflicto psicológico fractura la supuesta solidaridad femenina desde el primer minuto, ofreciendo un retrato humano implacable, pesimista y carente de heroísmos idealizados.
Desde el punto de vista formal, los presentadores elogian la influencia de maestros como John Carpenter en el manejo del espacio claustrofóbico y la tensión sostenida. Marshall utiliza de manera magistral el formato panorámico para capturar tanto la inmensidad de los paisajes exteriores al inicio de la cinta como la opresión de los pasadizos subterráneos. Aunque gran parte de la película se rodó en plató, la iluminación —que transita desde tonos fríos y blanquecinos al estilo de Janusz Kaminski en Minority Report hasta la oscuridad absoluta salpicada por el rojo de las bengalas— consigue sumergir al espectador en un entorno absolutamente verosímil y terrorífico.
Otro de los aciertos técnicos comentados es la banda sonora compuesta por David Julyan, la cual evoca de inmediato las melodías trágicas de Howard Shore en El Silencio de los Corderos. Asimismo, se analiza el uso de la obturación de la cámara en las secuencias de acción dentro de la cueva, un recurso visual similar al empleado por Danny