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← Par-Impar31 juil. · 1 h 18 min

'El Foso y el Péndulo' (1991) y 'Castle Freak' (1995): el arte perdido de Stuart Gordon y Full Moon

'El Foso y el Péndulo' (1991) y 'Castle Freak' (1995): el arte perdido de Stuart Gordon y Full Moon31 juil.1 h 18 min

Nuevo programa de Par-Impar sobre dos serie B de terror directo a vídeo de los noventa: Castle Freak y El Pozo y el Péndulo, de Stuart Gordon.

En esta nueva entrega del podcast de cine Par-Impar en esRadio, Juanma González y Dani Palacios nos sumergen en una sesión doble de auténtico cine de culto y serie B de los años noventa. El programa rinde homenaje al talento del director de culto Stuart Gordon y a la mítica productora Full Moon, capitaneada por Charles Band. A través de un análisis desenfado pero riguroso, los presentadores desmenuzan dos de las obras más singulares y físicas del realizador: El Foso y el Péndulo (1991) y Castle Freak (1995). Ambas películas personifican una época dorada del cine de terror directo a videoclub, donde las limitaciones presupuestarias se suplían con un desbordante ingenio visual y una entrega absoluta por parte de sus actores fetiche.

La andadura comienza con El Foso y el Péndulo, una libre adaptación del célebre relato de Edgar Allan Poe que Gordon reformula para adaptarla a su estilo visceral y de terror físico. Ambientada convenientemente en el año 1492, la cinta retrata una visión delirante y lúbrica de la Inquisición española. El gran aliciente de la función es la asombrosa interpretación de Lance Henriksen en el papel de Torquemada, encarnado aquí como un fanático atormentado por sus propias represiones sexuales y delirios de poder. La película baila constantemente entre el terror gótico y un humor negro muy cercano a la parodia, ejemplificado en la hilarante escena del juicio a un esqueleto al que azotan hasta deshacerlo, un momento que los locutores comparan con un sketch de los Monty Python.

La producción de este filme cuenta además con curiosidades memorables que enriquecen el anecdotario del programa de esRadio, como el brevísimo pero impagable cameo del legendario actor Oliver Reed interpretando a un enviado del Papa. Según relatan González y Palacios, Gordon le permitió que en sus dos minutos en pantalla se limitara a beber vino real, lo que facilitó enormemente el rodaje. El desenlace de la película, con una bruja que explota tras ingerir pólvora de forma literal, rubrica el tono desenfadado y macabro de una propuesta que, pese a sus costuras de bajo presupuesto, ofrece momentos visualmente potentísimos gracias a la notable dirección artística de la factoría de Charles Band.

La segunda parte de este programa doble se traslada a la truculenta atmósfera de Castle Freak (1995), una de las cintas más oscu