
← Podcast Catolicos en Camino6 sep · 9 min
Santo Evangelio Domingo XXIII del tiempo ordinario 6 de septiembre Mons Enrique Diaz Diaz
<p>Domingo Ordinario </p><p>Ezequiel 33, 7-9: “Te he constituido centinela para la casa de Israel” </p><p>Salmo 94: “Señor, que no seamos sordos a tu voz” </p><p>Romanos 13, 8-10: “Cumplir perfectamente la ley, consiste en amar” </p><p>San Mateo 18, 15-20: “Si tu hermano te escucha, lo habrás salvado” </p><p>La indiferencia, la irresponsabilidad y la apatía frente a los problemas sociales </p><p>destruyen las comunidades. Frente a una sociedad como la nuestra que manifiesta tan </p><p>graves señas de deterioro, suenan actuales y urgentes las palabras dirigidas a Ezequiel: </p><p>“Te he constituido centinela de la casa de Israel”, que unidas a las palabras de Jesús </p><p>respecto a la corrección fraterna nos dan pistas muy valiosas para el momento presente. </p><p>No parece que a Ezequiel se le confíe el cargo de policía como lo entendemos nosotros: </p><p>un guardián que cuida el orden y que debe corregir y detener a quienes lo perturban. Me </p><p>parece que tiene un sentido mucho más profundo como el del hermano preocupado por </p><p>el hermano y quizás la imagen de un faro, unida a del centinela, nos ayude a entenderlo. </p><p>No constituye el Señor un guardián que vaya detrás de sus hermanos juzgando sus </p><p>acciones y haciendoles la vida imposible. Esas funciones con frecuencia las adoptamos </p><p>nosotros y somos capaces de juzgar hasta lo que no sucede y de condenar a los demás </p><p>sin conocer sus verdaderas intenciones. </p><p>El centinela, igual que un faro, tiene la obligación de gritar, de alertar, de hacer sonar su </p><p>sirena, y no podrá estar tranquilo hasta que despierte la conciencia del otro. Un barco </p><p>que se estrella contra los acantilados es el peor fracaso del faro. El hermano que se </p><p>destruye o destruye la comunidad no solamente es culpa suya, también es </p><p>responsabilidad nuestra. Es muy clara nuestra misión: no podemos actuar por el otro, no </p><p>podemos hacer las tareas del hermano, pero sí tenemos que despertar la conciencia, </p><p>acompañarlo y apoyarlo. No puedo hacer la tarea del otro, pero sí puedo despertar su </p><p>responsabilidad. Cuando es más densa la oscuridad y cuando arrecia más la tormenta, </p><p>entonces aparecen con mayor claridad y son más valiosas las luces del faro. No puede el </p><p>faro suprimir la oscuridad ni la tormenta, pero puede manifestar los peligros y mostrar </p><p>un camino seguro. Hay quienes cuando llega la tormenta reniegan, despotrican e </p><p>insultan. Le echan la culpa a los otros. El faro simplemente ilumina, llama y conduce. </p><p>Abre caminos para el que se sentía perdido, renueva la esperanza del que ya no tenía </p><p>ganas de luchar. </p><p>El centinela no manifiesta únicamente las cosas negativas, no es un juez que esté al </p><p>acecho para condenar. El centinela se goza y se alegra al descubrir y señalar las cosas </p><p>buenas y al hacer resaltar su presencia. Tendrá que ayudar a descubrir los pequeños </p><p>gérmenes de verdad, los indicios de justicia y las luchas nobles por la paz. Tendrá que </p><p>despertar esperanza y alentar los esfuerzos sinceros por el bienestar de la comunidad. Es </p><p>cierto que la convivencia en la familia, en la comunidad o en la sociedad, sea del tipo </p><p>que sea, se ve deteriorada constantemente por múltiples factores que rompen y </p><p>condicionan las relaciones entre compañeros, familiares y amigos. Pero el centinela no está para condenar, sino para prevenir, para corregir y para dar nuevos caminos y </p><p>nuevas opciones. </p><p>Nadie puede decir que a él no se le confió esta misión. Es cierto que dentro de la Iglesia </p><p>y de la sociedad</p>