
← Radio El Respeto27 sep · 1 u 50 min
Programa 201-Ciencia Fascinante Episodio 5
Una mujer de veintitrés años lleva cinco meses en estado vegetativo. Tiene los ojos abiertos, pero no da ninguna señal de darse cuenta de nada. Un equipo de investigadores la mete en un escáner y le pide que imagine que juega al tenis.
Lo que pasó dentro de su cabeza abre la pregunta de este episodio: ¿cómo se sabe si hay alguien en casa? Durante siglos nos ha valido una regla cómoda. Si no habla, si no se mueve como nosotros, si no tiene un cerebro como el nuestro, damos por hecho que no hay nadie. Estas historias ponen esa regla a prueba.
Tres estudiantes de doctorado de Caltech se preguntan si puede dormir una medusa, un animal que no tiene cerebro. Montan el experimento a espaldas de sus directores.
Delante de Kanzi, un bonobo, alguien finge servir zumo en dos vasos vacíos, finge vaciar uno y le pregunta dónde está el zumo. Kanzi sigue el juego. Pero cuando le dan a elegir entre zumo de verdad y zumo fingido, la mayoría de las veces se queda con el de verdad. El estudio salió en Science casi once meses después de su muerte.
Una obrera de abejorro pasa treinta segundos con una compañera que acaba de encontrar azúcar. No lo prueba ni lo ve. Y sale de ahí más optimista, o eso parece por cómo elige las flores.
Una medusa más pequeña que la uña del meñique, cuando las cosas se le ponen feas, vuelve atrás en su vida y empieza otra vez. Un científico dijo que era imposible, y sus colegas se tiraron al agua para comprobarlo.
Y volvemos al escáner. Un hombre de veintidós años, diagnosticado en estado vegetativo, contesta desde dentro de la máquina a preguntas sobre su padre. En 2024, un estudio en seis centros médicos encontró señales de conciencia oculta en uno de cada cuatro pacientes que no respondían a ninguna orden.
Entre medias, dos hermanas mapache de Cozumel que fabrican una pelota con servilletas y una princesa de veinticuatro años que le encontró a Descartes un agujero y se lo dijo por carta.
Nadie ha demostrado que la medusa piense ni que el abejorro sea feliz. Os cuento lo que se sabe, lo que se sospecha y lo que todavía no sabe nadie.