El Garaje Hermético de Máximo Sant

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Z: La GENERACIÓN que odia los coches

Z: La GENERACIÓN que odia los coches4 days ago17 min

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Hubo un tiempo en el que cumplir 18 años significaba una cosa por encima de todo: libertad. Obtener el carnet de conducir y comprar un coche modesto era el pasaporte definitivo para salir a comerte el mundo. Sin embargo, hemos pasado de la conexión pasional entre el hombre y la máquina a una fría supervisión de la máquina sobre el hombre.

Hoy, para muchos jóvenes de la Generación Z, el coche se ha convertido en un electrodoméstico caro, una carga financiera e incluso un estorbo. Los datos lo confirman: la cantidad de jóvenes que se sacan el carnet de conducir ha caído drásticamente en las últimas décadas. ¿Qué está pasando realmente y quién es el culpable?

La respuesta no recae únicamente en los jóvenes; la propia industria del automóvil, la economía y las normativas actuales tienen gran parte de la culpa. El primer gran muro es el económico. Hace años, con los ahorros de un trabajo de verano podías acceder a un utilitario de segunda mano.

Hoy, el precio medio de un coche nuevo básico supera los 23.000 euros, y el mercado de ocasión ofrece vehículos muy gastados a precios desorbitados. Si a esto le sumamos los seguros para noveles, el precio del combustible, los impuestos y las políticas de pago por "suscripción" para activar extras del vehículo, el coche deja de ser un símbolo de emancipación para convertirse en una hipoteca asfixiante.

Pero incluso si el dinero no fuera un problema, nos enfrentamos a la muerte de las sensaciones al volante. Los coches modernos sufren de un aislamiento sensorial extremo. Las antiguas direcciones que transmitían cada imperfección del asfalto han sido sustituidas por direcciones eléctricas anestesiadas. El aislamiento acústico nos desconecta de la velocidad, y el aumento desmesurado de peso ha convertido a los coches en tanques seguros, pero extremadamente torpes. La física no perdona, y la inercia mata la diversión.

A esto se suma la era de las ayudas electrónicas. Los conductores actuales tienen que lidiar con sistemas obligatorios como el Asistente Inteligente de Velocidad o el mantenimiento de carril, que pitan, vibran y corrigen el volante constantemente. Conducir se ha convertido en una lucha contra una máquina que te regaña.

Y la tendencia va a más con la llegada de la dirección por cable, eliminando por completo la conexión física entre el volante y las ruedas, transformando la conducción en un videojuego sin sensaciones reales.

Por otro lado, el factor soc